Caminatas por acantilados con vistas infinitas
Caminar al borde del continente, sin vértigo ni prisas, es aprender a medir el paso con la respiración. Las sendas costeras del norte y del sur esconden tramos suaves, bancos de madera, miradores con paneles discretos y accesos alternativos para rodillas exigentes. Elegimos trazados con buen firme y pendientes razonables, privilegios de horizontes abiertos y brumas que juegan con la luz. El propósito es simple y profundo a la vez: unir miradores, saborear historias locales, coleccionar olores de sal y brezo sin competir con nadie.